La ley del mínimo esfuerzo

Puede que alguna vez te hayas percatado de esa vocecita que suena continuamente en tu cabeza y que generalmente no descansa (o más bien dicho, no tiene intención de descansar), dando su opinión acerca de todo lo que te ocurre. Si hasta ahora no te habías parado a observarla te invito a hacerlo en este mismo instante: tómate el tiempo que necesites para observar su incesante diálogo, que deambula sin rumbo fijo del pasado al futuro (y viceversa).

Tras realizar este pequeño ejercicio tal vez te estés preguntando: «Me habré vuelto loc@? ¿Qué es lo que origina este diálogo interno que siento constantemente dentro de mi cabeza?» No te preocupes, lo que experimentas es completamente normal y simplemente acabas de experimentar por primera vez lo que se siente al ser consciente de tu propia mente y (por extensión) de tu propio ego.

Cuando hablo de ego me estoy refiriendo a esa entidad que surge de la identificación con los contenidos de nuestra mente; aquí podríamos incluir también la identificación con nuestro propio cuerpo, nuestras emociones y en definitiva todo lo que nos dota de esa sensación de poseer un yo personal.

Podemos percatarnos de la presencia de nuestro ego especialmente en aquellos momentos en los que nos encontramos experimentando emociones negativas muy intensas (e.g. cuando sentimos miedo, odio, enfado, envidia, etc.). A pesar de la carga emocional que podamos sentir en dichos instantes en los que el ego ha tomado el control y nos encontramos muy reactivos ante lo que nos ocurre, podemos aprovechar para hacer un ejercicio de observación como el que te he planteado al inicio de este post. El hecho de detenernos unos instantes y tratar de estar receptivos ante esas emociones que estamos sintiendo desde una actitud de apertura y aceptación (bien también podrían ser molestias físicas, si se diera el caso) permite que pueda crearse un espacio en nuestro interior al cual podemos referirnos como consciencia o presencia. Quisiera hacer aquí hincapié en el hecho de que es necesario tomar el momento presente como punto de partida indispensable si queremos poder cultivar un cierto grado de consciencia y con ello conseguir estar menos sujetos a la influencia de nuestro ego, puesto que es únicamente en este preciso instante cuando la consciencia puede surgir en nuestro interior, no existe ningún otro momento posible.

«Es en este preciso instante cuando la consciencia puede surgir en nuestro interior, no existe ningún otro momento posible.»

Sabremos que estamos siendo conscientes en la medida en la que seamos capaces de dar la bienvenida a lo que nos está ocurriendo en cada momento, sin caer en la trampa de reaccionar y/o emitir juicios acerca de ello (esto suena sencillo, pero no por ello deja de ser complicado a veces).

Seguramente te suene el término de la ley del mínimo esfuerzo. Ésta nos dice que en aquellos momentos de nuestra vida en los que nos encontramos ante diferentes opciones entre las que escoger, podemos elegir aquella que nos suponga un gasto de energía menor y que de igual forma nos garantice los resultados que deseamos; podemos aplicar este mismo concepto a la hora de intentar observar a nuestro ego. Si en lugar de reaccionar y resistirnos a lo que nos ocurre intentamos dejarnos llevar, enfocando nuestra atención en la respiración y sin intentar resolver nada, veremos que con el tiempo el ego irá perdiendo fuerza y estaremos cada vez más en calma. De este modo, estaremos efectivamente evitando un gasto de energía innecesario, nuestro cuerpo lo agradecerá puesto que estará más relajado y, lo que es más importante, con el tiempo y siendo constantes en esta práctica cada vez que nos ocurra algo que nos perturbe seremos capaces de recuperar nuestro equilibrio más rápidamente.

Cuando hablamos de dejarnos llevar sin oponer resistencia no se trata de tomarnos la vida con pasividad o pasotismo, sino de tratar de hacer un uso más inteligente de nuestra energía mental, física y emocional en favor de aquello que queramos conseguir y aquello que creemos que realmente merece nuestra plena atención. Y es que, la realidad es que nos encontramos experimentando una vida acotada en el tiempo y sujeta a las limitaciones del propio cuerpo, cuya reserva de energía diaria podría ser equiparable al agua contenida en un vaso:

La gestión (buena o mala) que hagamos de nuestra energía determinará en gran medida la calidad de nuestra vida en todas sus distintas áreas, por ello es tan importante aprender a hacer un buen uso de ella y saber destinarla a aquello que verdaderamente nos importa.

Si te resulta complejo de entrada soltar aquello que te está perturbando en un momento dado, quizás puedas apoyarte en ciertas actividades que te faciliten la transición hacia un estado de mayor calma y equilibrio, tales como escuchar música relajante, darte un baño de agua caliente, echarte una siesta, o cualquier otra cosa que tú sepas que te ayudará a relajarte aunque sólo sea un poco.

Lo interesante de tender poco a poco hacia recuperar nuestro equilibrio emocional es que cuando alcanzamos un estado de ánimo más neutral nos suele resultar más fácil sentirnos inspirad@s y nos pueden surgir nuevas ideas relacionadas con acciones a tomar respecto a aquello que nos preocupa. Si te das cuenta, suele ser desde un espacio de silencio y calma mental desde donde es más fácil que la creatividad y la inspiración puedan fluir libremente para ayudarte a resolver aquello que sea necesario.

«Es desde un espacio de silencio y calma mental desde donde es más fácil que la creatividad y la inspiración puedan fluir libremente».

Con todo esto, la gestión inteligente de nuestra energía pasa por hacer del momento presente nuestra mayor prioridad en nuestro día a día. Estar presentes nos facilitará la ardua tarea de aprender a soltar aquello que pueda afectar nuestro equilibrio mental, emocional y físico en cada momento. Hacer el esfuerzo de cultivar esta práctica nos permitirá lograr un hito nada desdeñable; preservar nuestra salud a todos los niveles e inevitablemente ser más felices en el camino.





El poder de la introspección

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Hace algunos años experimenté un cambio de paradigma que significó mucho para mí y  me hizo ver las cosas desde una perspectiva distinta a la que hasta entonces me había sido familiar. Fue casi una casualidad, una mera inspiración de querer explorar otro punto de vista que hasta entonces había permanecido escondido. Básicamente, y casi sin darme cuenta, cambié mi foco de atención.

Generalmente siempre estamos pendientes de lo que ocurre a nuestro alrededor, poniendo nuestros 5 sentidos en nuestra realidad externa; estamos realmente tan acostumbrados a este hecho que lo hacemos de forma automática.

Ahora bien, nos hemos parado a observar qué es lo que ocurre en nuestra realidad interna? ¿Cada cuánto nos tomamos un tiempo para observarnos, para dirigir una mirada curiosa hacia nuestro interior con el objetivo de prestar atención a los sentimientos, emociones y pensamientos que están teniendo lugar en cada momento? En este principio es precisamente en el que se basa la práctica de la meditación, como ya te anticipé en este artículo: Introducción a la meditación.

Dirigiendo la mirada hacia nuestro interior

Cuando se trata de meditar, y especialmente si no es algo que hayamos experimentado anteriormente, seguramente lo primero que notaremos es que existe un gran bullicio mental en nuestro interior. Así me sucedió a mi cuando traté de meditar por primera vez, y es lo que les suele ocurrir a muchas personas. El ruido mental que llevamos tras muchos años de ignorar lo que estaba teniendo lugar en nuestro interior es tal que puede llegar a abrumarnos e incluso a asustarnos. Me gusta equiparar este fenómeno con el interruptor que encendemos en una habitación que había permanecido a oscuras hasta el momento; de repente vemos un montón de cosas que ni sabíamos que estaban ahí.

Conectar con nuestro interior no sólo implica ser conscientes de nuestra actividad mental, puesto que no sólo somos una mente sino que también somos un cuerpo, y de hecho, tenemos que comenzar a ver a la mente y al cuerpo como componentes que se alimentan entre sí conformando una única entidad. Teniendo en cuenta ésto, es muy probable que junto al complejo de emociones que albergamos experimentemos las sensaciones corporales que las acompañan en cada momento, si permanecemos lo suficientemente atentos.

En un principio puede que la vorágine que por primera vez se presenta ante nosotros parezca desbordarnos, pero si somos pacientes y no desistimos en nuestra práctica meditativa, notaremos con el tiempo que el bullicio mental (así como las emociones y sentimientos que lo acompañan) irá perdiendo fuerza progresivamente.

Meditar como estilo de vida

Una corriente de pensamiento que he visto en algunas personas (ahora que la actividad meditativa poco a poco va cobrando cierta popularidad en la sociedad) es la de ver a la meditación como una tarea a realizar con cierta periodicidad, enfocándola igual que enfocamos otras tareas de nuestra vida cotidiana, como por ejemplo lavar los platos o poner la lavadora. Aunque no estoy totalmente en contra de dicha perspectiva (puesto que yo al principio también enfocaba la meditación de esa forma y siempre creo que es mejor ese planteamiento que directamente ninguno), pienso que es mejor ver la meditación como algo que podemos extender a cualquier momento de nuestro día. De este modo, podemos finalmente adoptarla como un estilo de vida, utilizando cualquier situación de nuestra vida como una excusa perfecta para meditar.

El planteamiento anterior puede parecer tedioso al principio cuando aún no tenemos suficiente práctica y/o fuerza de concentración, puesto que probablemente caigamos en la trampa de dedicarle demasiado esfuerzo a nuestra meditación (perdernos en el cómo) en lugar de simplemente rendirnos al momento presente (centrarnos en simplemente ser), que sería en lo que verdaderamente consiste. En este sentido y por experiencia propia, no he conocido solución mejor que la de no desistir en la práctica y seguir profundizando en ella, con tota la apertura y curiosidad por nuestra parte y lo más importante, disfrutando del proceso :). 

La respiración como objeto de nuestra meditación

Como ya te sugerí en el otro artículo hay muchos objetos oque podemos utilizar en nuestra meditación con el objetivo de enfocar nuestra atención y facilitarnos la práctica. Algo sencillo para empezar podría ser practicar el seguimiento de nuestra propia respiración, puesto que es una constante que nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida y por ende resulta bastante fácil de seguir. La respiración resulta simple y familiar para el individuo, siempre y cuando evitemos caer en la trampa de intentar modificarla o de querer controlarla, algo que a veces ocurre cuando comenzamos a meditar. De hecho, si lo estás haciendo bien, no debería suponerte demasiado esfuerzo seguir tu respiración, si no que deberías hacerlo de forma delicada, siguiendo el movimiento del aire entrando y saliendo de tus pulmones plácidamente, sin necesidad de realizar ningún esfuerzo sino todo lo contrario, dejándola ser como quiera ser.

La meditación no consiste en un acto que requiera de ningún esfuerzo por nuestra parte, sino todo lo contrario, es una rendición al momento presente.

Aprender a ejercitar la introspección e incluir dicho hábito como imprescindible en nuestra andadura diaria nos trae consigo un sinfín de beneficios, pero quizás merezca la pena destacar el hecho de que nos sirve para detectar aquello que deseamos soltar porque consideramos que no nos aporta nada positivo. Ésto incluye muchas cosas: diálogos internos negativos que inconscientemente repetimos sin darnos cuenta, malos hábitos, adicciones, creencias que nos limitan y impiden avanzar, etc. Realizar esa limpieza mental puede ayudarnos a sentirnos más liberados y livianos, y en consecuencia más felices (qué más se puede pedir? 🙂 ).

Es posible que a estas alturas del post te estén asaltando las siguientes dudas:

  • ¿Es compatible la práctica de la introspección con la experimentación del mundo que nos rodea?
  • ¿No estaré renunciando a prestar atención a mi vida si me centro demasiado en lo que ocurre en mi interior?

Aunque a priori así lo parezca, la experiencia me ha enseñado que en realidad el hecho de atenderse a uno mismo permite atender mejor al entorno, aunque resulte contradictorio. Una cosa no es excluyente de la otra, si no que son totalmente compatibles y de hecho se complementan a la perfección. A veces me refiero a este fenómeno (experimentarse a uno mismo y al propio entorno) como estar centrado, y en realidad esta expresión se utiliza bastante en la sociedad.

Estar centrados nos permite lidiar con nuestro entorno de la manera más efectiva, atendiendo en cada momento lo que tenemos delante sin perdernos por el camino. Como siempre, y sin necesidad de que me creas, te invito a que hagas la prueba por ti mism@ y me lo cuentes 🙂 .

El juego de tu vida

Reflexionando un poco sobre la vida se me ha ocurrido que en realidad ésta no dista tanto de ser parecida a un videojuego, en el cual un personaje (en este caso nosotros), tiene que ir superando distintos niveles a la vez que va sorteando una serie de obstáculos. De este modo, el jugador se encuentra guiado por el aliciente de poder ir avanzando en el juego a medida que va cumpliendo una serie de objetivos y mejorando poco a poco sus circunstancias. Quizás no todos los juegos sean tan elaborados y algunos sean de hecho mucho más simples y menos comprometidos, pero los hay que sin duda consiguen atraer grandes audiencias siguiendo este patrón de acción-recompensa.

Si el videojuego cada vez nos propone retos mas difíciles de superar, la vida con el paso de los años nos suele encargar mayores responsabilidades y experiencias que pueden llegar a constituir grandes lecciones vitales. Para poder ir avanzando en las distintas fases de nuestra vida, y al igual que suele ocurrir en el videojuego, suele ser necesario adquirir nuevas habilidades y aprendizajes que nos trae la propia experiencia. Es fácil darnos cuenta de ello si tomamos como ejemplo el caso de un bebé recién nacido que viene a este mundo desproveído de casi cualquier habilidad útil más allá de su propio llanto. Venimos escasos de herramientas y nos encontramos con el reto de tener que hacer frente a un mundo lleno de posibilidades y exigencias. Por suerte, y a menudo gracias al entorno, poco a poco vamos aprendiendo todo lo necesario para ir transicionando en los distintos niveles de los que se compone el juego de la vida. Comúnmente, nos referimos a este fenómeno como madurar.

No obstante, la madurez no viene sólo con el pasar de los años y la adquisición de nuevas responsabilidades/habilidades. Para mí el proceso de madurar debería incluir también algo que considero muy importante: la evolución (o expansión) de nuestra conciencia. Ésto último escrito así tal vez suene demasiado esotérico de entrada para algunas personas. Para expresarlo en términos más sencillos y amenos para todos podríamos decir que expandir nuestra conciencia incluye (aunque no se limita a):

Ser más empáticos y compasivos con nuestras propias emociones. Creo que nunca podría cansarme de insistir en la importancia que tiene el hecho de dirigir una mirada hacia nosotros mismos, ya no sólo para poder conocernos mejor, sinó también para poder llegar a ser más tolerantes a las frustraciones y dificultades que nos pueda acarrear nuestra andadura vital. Comprender que no somos perfectos (no sería humano serlo) y ser pacientes con nuestros errores, así como tratar de aprender de ellos es un buen signo de que estamos evolucionando favorablemente. Lo contrario sería estancarnos en la energía negativa en la que entramos cada vez que nos juzgamos a nosotros mismos y nos creemos desprovistos del valor suficiente por X o Y razones.

– Un poco como consecuencia del punto anterior, el hecho de conocernos mejor a nosotros mismos y hacernos cargo de nuestras propias necesidades de manera más efectiva puede ayudarnos a detectar las necesidades de nuestro entorno y tener la oportunidad de ofrecer nuestra ayuda de manera desinteresada, con el único interés de que otros puedan también mejorar su vida. En este caso, ya no sólo estamos enfocando nuestra atención hacia nosotros mismos sinó que la estamos extendiendo hacia afuera en busca del bien ajeno, lo que nos hace sentir realizados al mismo tiempo que aportamos algo a la sociedad (por pequeño que nos pueda parecer).

– Muy ligado al punto anterior estaría el hecho de cumplir con nuestro propósito de vida (de ésto ya te hablé un poco en el post ¿Cuál es tu nuevo propósito?, puedes echarle un ojo si no tuviste ocasión de hacerlo 🙂 ). Nuestro propósito de vida, o misión de vida, pasión, etc. es en definitiva aquello a lo que sentimos que nos gustaría dedicar nuestro tiempo porque lo consideramos importante para nuestra realización personal. Hay personas que lo tienen claro desde una edad temprana y otras que necesitan más tiempo para ganar una mayor claridad al respecto; si eres de las del segundo grupo te animo a explorar distintas posibilidades aprendiendo a disfrutar del proceso y sin agobiarte en exceso. Suele además ocurrir que con el paso de los años nuestro propósito cambia o evoluciona, por lo que puede ser interesante revisar periódicamente si estamos haciendo aquello que realmente sentimos que queremos hacer y, en caso de querer transicionar hacia algo distinto darnos el permiso de hacerlo y no quedarnos estancados.

Podría poner innumerables ejemplos que ilustran un cambio o evolución en nuestra conciencia, pero creo que con esto puedes hacerte una idea. Si no te gusta demasiado la palabra conciencia, podríamos traducirlo en lo siguiente:


Vivir alineados con nuestra conciencia consiste en vivir alineados con nuestra alma. Es la responsabilidad que asumimos a la hora amarnos a nosotros mismos y extender dicho amor hacia todo aquello que nos rodea.

Hay que recalcar que el camino de la madurez espiritual es cuanto menos íntimo y personal y requiere de nuestra inquietud y observación, pero sobretodo de nuestra paciencia y aceptación (el camino se hace andando, y sin ir más lejos este blog se nutre también de un cambio de conciencia y una evolución que busca ser expresada en palabras). Como en todo camino habrá parones y momentos de descanso, de posible introspección y de reflexión, todo ello convirtiéndolo en un viaje interesante y rico; espero que este post te sirva de invitación para explorarlo por ti mismo 🙂 .

Darlo todo por sentado

Por La Mañana, Sunrise, Mujer, Silueta, La Luz Del Sol

En el post anterior hablábamos de abrazar la incertidumbre (si no tuviste ocasión de leerlo puedes hacerlo ahora aquí: Abrazando la incertidumbre).  En esta ocasión, quisiera insistir un poco más en su polo opuesto: el hecho de darlo todo por sentado.

En la sociedad actual, y de manera bastante generalizada, hemos adquirido la tendencia de querer siempre más: más tiempo, más posesiones, más derechos, más dinero, más reconocimiento,… Y podríamos seguir para no acabar nunca.

El aspirar a mejorar nuestra vida no es para nada algo descabellado; de hecho, forma parte de nuestra naturaleza el querer evolucionar hacia cosas mejores y más alineadas con quienes somos. Querer conquistar nuestras metas y proponernos nuevos objetivos es lo que nos hace avanzar como humanos y ello puede impactar positivamente ya no sólo en nuestra vida, sino también en la vida de los demás. Al fin y al cabo, estamos constantemente recorriendo un camino en el que, si somos capaces de verlo, habrá siempre posibilidades de avanzar sea en la dirección que sea. No por ello, debemos olvidarnos de valorar hasta donde hemos sido capaces de llegar, todo lo que hemos sido capaces de conseguir en este tiempo a pesar de la adversidad y de las dificultades.

Cuando valoramos lo que tenemos en el momento actual (tanto en lo material como en lo personal), de repente somos capaces de hacer un alto en el camino y sentir esa sensación de apreciación por lo que nos rodea, por aquello que en este momento atesoramos. Un ejercicio que parece tan simple puede aportarnos mucho en nuestro día a día y darnos ese impulso que a veces necesitamos en el proceso de mejorar alguna (o varias) areas de nuestra vida.

El paso previo que nos conduce a la mejora de nuestras circunstancias pasa por agradecer las presentes y no darlas por sentado.

¿Por qué es tan importante valorar lo que tenemos en este momento? Porque si todo lo que hemos conseguido hasta ahora no es suficiente para nosotros, qué nos hace pensar que tener más cosas lo sería? Es otra ilusión más de la mente pensar que cuando consigamos «lo siguiente» (el siguiente sueldo, el siguiente ascenso, la siguiente relación, las siguientes vacaciones) todo irá sobre ruedas. De creer en este engaño, nos dedicaremos a vivir siempre a expensas del acontecimiento siguiente, que como sabemos no tarda en sucederse para quedarse atrás en el pasado nuevamente, y entonces la espera vuelve a comenzar.

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Otra de las razones por las que es importante valorar lo que tenemos reside en la naturaleza cambiante de las cosas. Aunque no lo parezca a simple vista la impernanencia absoluta no existe, y el tomar consciencia de ello nos puede ayudar a perseguir nuestras aspiraciones de futuro sin dejar de apreciar lo que tenemos en este momento. 

De este modo, la vida se convierte en una continua meditación, en la cual convertimos nuestra situación actual en algo suficiente y valioso, mientras que al mismo tiempo podemos trabajar para seguir avanzando y mejorando en todo aquello que consideremos importante. 

Te invito a dedicar un tiempo determinado diariamente (aunque sea tan sólo durante unos segundos al día) a adoptar una actitud de apreciación respecto todo lo que te rodea y a lo que con el tiempo te has acostumbrado y has considerado como algo normal (por ejemplo tu salud, la pareja con la que convives, el lugar donde vives, las actividades que tienes la oportunidad de realizar y te hacen sentir tan bien,…). Al realizar este simple ejercicio te darás cuenta en seguida de lo siguiente:

  • Cuanto más practicas la energía de la apreciación, más cosas encontrarás para apreciar, y ello a su vez te ayudará a atraer nuevas circunstancias por las que sentirte agradecido (en ello se basa la Ley de la Atracción de la que un poco ya te hablé en este artículo: Introducción a la Ley de la Atracción).
  • La energía de apreciación/gratitud es de alta vibración y tiene mucho que ver con la abundancia, porque al practicarla estamos reconociendo la naturaleza abundante del universo y sus infinitas posibilidades. Si queremos vivir una vida abundante, la gratitud y la apreciación pueden convertirse en ingredientes indispensables que posibiliten un estado receptivo por nuestra parte hacia todas las cosas que deseemos.
  • Como tantas otras cosas, practicar la apreciación es un hábito que debemos cultivar (al igual que hemos conseguido cultivar el hábito de quejarnos…este quizás te suene algo más familiar). Tan sólo tenemos que tener algo de paciencia y perseverancia para instaurar este nuevo hábito saludable, que en el camino nos ayudará a sentirnos más satisfechos con nuestra vida en el momento presente.

Espero que te aventures a apreciar todo aquello que te rodea con los ojos de un niño y expandas así esa energía positiva allá donde vayas 🙂 .

Abrazando la incertidumbre

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Muchas veces nos encontramos tan inmersos en la cotidianidad y la rutina diarias que terminamos dando las cosas por sentadas, como si la realidad estuviera dotada de una naturaleza consistente e inalterable.

Sin embargo, puede que a estas alturas ya hayas experimentado lo siguiente: tu vida parece estar bajo control,  puesto que tienes un trabajo estable, una vida más o menos acomodada y todo parece irte sobre ruedas. Sin embargo, en un giro inesperado de acontecimientos todo el tinglado que tenías montado parece desmoronarse como si de un castillo de arena se tratase, y tu vida tal y como la considerabas hasta el momento se desvanece. Sin dar crédito a lo que te está ocurriendo te sientes como si te hubiera pasado un camión por encima; lo que era algo seguro para ti ha dejado de serlo, ha dejado de ser una constante en tu vida y de repente un sentimiento de gran incertidumbre te invade.
Imagen relacionadaLa realidad es que muchas veces no nos sentimos cómodos con la incertidumbre. Lo desconocido nos aterra, lo vemos como una amenaza y preferimos aferrarnos a lo que ya conocemos, aunque muchas veces no sea lo más conveniente para nosotros (ya lo rezaba el dicho, ‘más vale malo conocido…’).

Y es que, nuestra estructura mental no parece estar preparada para la incertidumbre, de hecho no le gusta ni un pelo. La mente necesita predecir lo que va a ocurrir, no puede tolerar tanto desconocimiento. De hecho, en ello se basa su funcionamiento habitual: en hacer preguntas y en tratar de encontrar respuesta a dichas preguntas, en acumular la máxima información posible para estar preparados ante lo que nos pueda pasar. Cuando ésto no es posible, algo va mal para la mente, hasta el punto de que es capaz de entrar en pánico o hacernos quedar paralizados sin poder actuar ni pensar con claridad.

Lo anterior tal vez se podría traducir en lo siguiente: la mente simplemente no es capaz de confiar. Para mí confiar es algo que sólo podemos hacer trascendiendo nuestra actividad mental, algo que parece sencillo pero que muchas veces no lo es debido a nuestra condición humana. Desde que habitamos esta Tierra hemos buscado seguridad, hemos tratado de evitar el peligro a toda costa y seguimos haciéndolo a día de hoy. Ésto no es malo en absoluto, ha servido para posibilitar la perpetuación de nuestra especie durante miles de años, pero debemos ser conscientes de ello y saber que existe una dimensión más allá de la mente en la que podemos apoyarnos y sentirnos seguros, aún sin tener toda la información necesaria. Se trata de un lugar en el que simplemente nos limitamos a soltar todo y nos dejamos llevar.

¿Y cómo llegar a ese lugar? Yo muchas veces cuando me encuentro abrumada con infinidad de pensamientos, imaginando todos los escenarios posibles y sopesando todas las opciones habidas y por haber, simplemente decido declararme completamente ignorante. Declararse ignorante es la decisión más arriesgada y al mismo tiempo más acertada que podemos tomar si queremos embarcarnos verdaderamente en la andadura de vivir. Declararnos ignorantes implica rendirnos al momento presente, centrando nuestra atención en todo aquello que hacemos momento a momento, sin divagar mentalmente preocupados por el pasado o el futuro.

Puede parecer contradictorio y simplemente antinatural actuar de la manera que acabo de describir, puesto que que por lo general nadie nos ha enseñado a hacerlo. Se nos ha enseñado a controlar nuestra vida, a pensar en exceso mientras tratamos de planificarlo todo. No es algo malo querer darle un cierto orden y estructura a nuestra vida (de hecho creo que lo contrario podría ser muy contraproducente), pero es mucho mejor hacerlo desde la tranquilidad y la confianza y no desde el miedo (estoy segura de que tú mism@ habrás notado la diferencia en la forma cómo te sientes en ambos casos).

Cuando aplicamos este cambio de perspectiva nuestra intuición puede operar libremente, nuestras acciones provienen de la inspiración y todo parece que fluye de una forma distinta. Las cosas parecen más sencillas de cómo nos las habíamos imaginado, los bloqueos se desvanecen y obtenemos resultados positivos sin necesidad de mucho esfuerzo. Quizás ésto ya lo hayas podido experimentar alguna vez, puesto que existen momentos en los que nos sentimos más relajados y nos es más fácil dejarnos llevar, por ejemplo realizando aquellas actividades que más nos gustan (a mí me suele ocurrir cuando escribo, por ejemplo).

Quisiera rescatar a continuación las ideas clave con las que me gustaría que te quedaras tras leer este post. El cambio de perspectiva que te propongo se basa en definitiva en lo siguiente:

  • La mente se apoya en las circunstancias externas, que percibe como aparentemente sólidas e inalterables, para de ese modo sentirse segura.
  • La incertidumbre puede surgir cuando algo inesperado nos acontece y de repente la seguridad que teníamos sobre determinada faceta de nuestra vida se tambalea. Generalmente la incertidumbre nos impulsa a tomar una decisión, resultando en un aumento de nuestra actividad mental.
  • Para no dejarnos aturdir en exceso con nuestros pensamientos cuando seamos presos de la incertidumbre, es muy recomendable que seamos capaces de conectar con nuestro presente, para así poder escuchar a nuestra intuición desde un espacio de serenidad y desapego y tomar la decisión más adecuada.

En los próximos posts me centraré en detallar algunos métodos que yo misma utilizo o he utilizado en el pasado para anclarme en el momento presente, para que te sea más sencillo poner en práctica lo que te he contado en este artículo. No obstante, puedes empezar por revisar esta entrada si aún no lo has hecho: Introducción a la meditación.

Espero que te sirva este artículo y te invito como siempre a contarme tu experiencia en los comentarios :). ¡Hasta el próximo post!

El embudo del agotamiento

¿Alguna vez has sentido que has tenido que renunciar a cosas importantes de tu vida con el fin de poder llegar a cumplir con tus obligaciones? ¿Actividades que considerabas energizantes, que te hacían sentir bien o que simplemente te ayudaban a desconectar han dejado de tener cabida en tu vida cotidiana? Y lo que es peor, has sentido que al deshacerte de dichas actividades te sientes más agotado y sin fuerzas que antes?
Si tu respuesta ha sido afirmativa, tal vez estés cayendo dentro de lo que se conoce como el embudo del agotamiento.

El embudo del agotamiento es una manera sencilla de ilustrar un fenómeno que desgraciadamente está muy extendido en nuestra sociedad, en el cual dejamos de atender aquellas actividades que nos resultan gratificantes y nos ayudan a recargar pilas por aquellas actividades que consideramos más urgentes o prioritarias. Al hacer ésto, el círculo que engloba nuestras actividades se va estrechando y cada vez deja menos cabida para aquellas actividades que contribuyen a nuestro bienestar (de ahí la ilustración del embudo). Ésto acaba derivando en una sensación de agotamiento en el propio individuo, al contrario de lo que se podría esperar:

embudo-agotamiento

Observemos más detenidamente cómo se produce este fenómeno. Si has observado el esquema anterior, verás que en la parte alta del embudo tenemos una vida equilibrada en la cual alternamos actividades que podríamos considerar como obligaciones con otras que nos revitalizan y nos ayudan a desconectar.

En un momento dado, se presenta una nueva obligación que precisa de nuestra atención, y en el intento de hacerle frente decidimos prescindir de alguna de esas actividades que tanto nos gustan y nos hacen sentir bien, creyendo así que no nos sentiremos tan agobiados y estresados. Contráriamente a lo que podríamos pensar, resulta que nos sentimos ahora más estresados debido al déficit de tiempo que ahora dedicamos a la tan necesaria desconexión, resultando en agotamiento. Este ciclo puede irse repitiendo, aumentando así las obligaciones y disminuyendo el tiempo reservado para el ocio, con todas las consecuencias que ello conlleva para nuestra salud a todos los niveles.

Es posible que muchas personas se sientan identificadas con lo anterior. Si eres una de ellas no te preocupes, puesto que no es difícil caer en esta dinámica en ciertas etapas de nuestra vida. Lo más importante es detectar esta tendencia y tomar la decisión de revertir la situación en pos de nuestra salud; sólo así podremos ir dando pequeños pasos para volver al punto de equilibrio en el que inicialmente nos encontrábamos y en el cual nos sentíamos mejor en todos los aspectos, con más energía y un mayor estado de ánimo.

Entonces, ¿Cómo podemos evitar caer en el embudo del agotamiento? ¿O cómo podemos recuperar el equilibrio del que gozábamos antes de caer en él?

  • Aprende a separar el grano de la paja.- Para bien o para mal, la realidad es que disponemos de un tiempo limitado. Por ello, es crucial aprender a gestionarlo adecuadamente distinguiendo aquello que es verdaderamente importante de aquello que no lo es. Esto es algo subjetivo puesto que estamos hablando de aquello que contribuye a tu felicidad, y ésta puede consistir en estar con tus seres queridos, dedicarle tiempo  a tus hobbies, etc. Independientemente de lo que sea, asegúrate de reservar tiempo para ello para así afrontar mejor aquellos momentos que requieran de un esfuerzo mental y/o físico por tu parte. No se trata de desatender nuestras obligaciones, sino de asumir únicamente aquellas que nuestra salud nos permita. Para ello habrá que realizar un ejercicio de introspección importante, siendo honestos con nosotros mismos sin querer ejercer de superhéroes para llegar a todo.
  • Detecta tus ‘ladrones de tiempo’.- Es posible que pienses que no dispones del tiempo suficiente  para conciliar el ocio con tus obligaciones, pero seguramente si haces un ejercicio de reflexión y revisas el tiempo que dedicas diáriamente a cada una de tus actividades detectes algunas que realmente no te aportan nada y están robando tu valioso tiempo. Es importante identificar a tus ladrones de tiempo para así poder reservar espacio a aquellas actividades que sean verdaderamente importantes para ti.
  • Pase lo que pase, jamás descuides tu salud.- Nunca me cansaré de decir esto. Podemos pasar por periodos en nuestra vida en los cuales tengamos más trabajo por razones justificadas. Ahora bien, ello nunca debería ser una excusa válida para descuidar nuestra salud, ésto es, llevar una alimentación equilibrada, hacer ejercicio con regularidad y dormir las horas recomendadas. Puede parecer que a corto plazo no haya una repercusión palpable si ignoramos alguno de estos aspectos (o todos), pero ten por seguro que irá haciendo mella en tu salud y a largo plazo lo acabarás notando.
  • Da la bienvenida a nuevas experiencias.- Caer en la rutina, especialmente si has dejado de lado actividades que te hacían sentir bien y que aportaban variedad a tu vida, puede ser desesperante y afectar directamente tu estado de ánimo, traduciéndose en una menor productividad. Para evitar esto,  recomiendo introducir experiencias que aporten ese sentimiento de novedad y bienestar a tu vida, que no tienen por qué ser muy exóticas y ni siquiera tienen por qué costarte dinero (pueden ser una excursión al bosque, un día dedicado al arte, la visita a un viejo amigo, etc.). Cualquier cosa vale, mientras te ayude a desconectar y ver la vida desde otros puntos de vista.

Espero que estos consejos te sean de utilidad tanto si necesitas recuperar el equilibrio en tu vida y salir del agotamiento en el que te encuentras inmerso, como si quieres seguir gozando de una vida equilibrada conciliando las distintas facetas.

Me interesaría mucho que me compartieras tu experiencia con este tema, así que te invito como siempre a hacerlo en los comentarios 🙂 . ¡Hasta el próximo post!

El espejo de tu mundo

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Creo que existe algo muy especial en la relación entre nosotros y el resto del mundo, lo que de otra manera podríamos llamar nuestra percepción de las cosas.

Está claro que la percepción de la realidad es una experiencia individual e irrepetible, ninguno de nosotros percibimos la realidad de la misma forma y eso puede evidenciarse simplemente hablando un poco con las  personas que nos rodean. En las conversaciones descubrimos las opiniones ajenas, que pueden ser muy dispares y en ocasiones hasta diametralmente opuestas a las nuestras.

Cada individuo ha moldeado su percepción de la realidad en base a su sistema de creencias, adquirido a lo largo de los años de acuerdo con la educación recibida y  el momento histórico que le ha tocado vivir.

Debido a lo anterior, quisiera aprovechar este post para advertir la tendencia que tenemos como seres humanos a proyectar nuestras emociones hacia el exterior, algo de lo que quizás tú ya te hayas percatado. Y es que, al ponernos nuestras gafas para ver el mundo,  nos cuesta en muchas ocasiones ser objetivos y curiosamente nos describimos a nosotros mismos a través de lo que vemos, sin ni siquiera ser conscientes de ello muchas veces. Como si de un espejo se tratara,  hacemos del mundo que nos rodea  un reflejo de nuestra personalidad, y volcamos en él todos nuestros anhelos, carencias y deseos.

Detectamos defectos en otras personas que sin ser conscientes nos otorgamos a nosotros mismos, culpamos a alguien de algo que nos ha sucedido con una facilidad a veces abrumadora, y tantos otros ejemplos que seguro podríamos encontrar si hiciéramos un poco de memoria. En definitiva, delegamos la responsabilidad por nuestras emociones al exterior, a lo que está ocurriendo, creyendo que la razón por la cual nos sentimos de determinada manera se encuentra fuera de nosotros.

Estamos muy acostumbrados a poner nuestra atención en el exterior, pero, ¿y qué hay de lo que ocurre en nuestro interior? ¿Acaso no es también importante?

Cuando prestamos atención a nuestras emociones y tomamos responsabilidad por ellas podemos darnos cuenta de que en realidad éstas tienen que ver mucho más con nosotros mismos de lo que nos pensamos. La forma cómo nos sentimos puede ser en muchas ocasiones producto de experiencias pasadas que nos dejaron huella y las cuales no supimos gestionar de la mejor manera.

Siendo más conscientes de nuestras emociones podemos atenderlas como es debido y dejar así de culpabilizar al exterior de cómo nos sentimos; al hacer ésto,  automáticamente gozamos de una mayor libertad para elegir como reaccionamos ante lo que nos ocurre, siendo dueños de nuestro propio bienestar.

Al realizar este cambio de paradigma, ésto es, al trasladar nuestra atención del exterior hacia nuestro interior, lo que hacemos también es dejar de vivir en el pasado o en el futuro. Si leíste el post anterior Tu sufrimiento es opcional, recordarás lo que te contaba sobre la relación íntima que existe entre el sufrimiento y el tiempo, y cómo el primero no puede sobrevivir sin el segundo. Sabiendo ésto, no es difícil adivinar que estaremos quitándonos un enorme peso de los hombros al quitar el tiempo de la ecuación.

Quisiera a continuación proporcionarte algunos consejos que espero te ayuden a gestionar mejor tus emociones sin la necesidad de proyectarlas hacia el exterior, aprovechando así los beneficios que ello puede comportarte:

  • Aventúrate a explorar la naturaleza de tus emociones.- Comienza a poner en práctica la introspección dirigiendo tu atención hacia dentro para poder explorar lo que estás sintiendo en este preciso instante. Es posible que haciendo ésto llegues a descubrir el origen de tus emociones, entendiendo aspectos de ti mismo que hasta ahora tal vez habías dejado pasar por alto. Al comprender el por qué de cómo nos sentimos ganamos un mayor control sobre nuestras  acciones y dejamos de actuar en piloto automático.
  • La clave está en reaccionar menos y observar más.- Va muy en línea con el punto anterior. Cuando yo tomo cierta distancia de lo que mi mente me está contando, puedo observar su futilidad y transitoriedad y dejar de sufrir por ello. Esto no debe confundirse con adoptar una actitud de apatía frente a lo que estoy experimentando, sino todo lo contrario, se trata de observar lo que estamos sintiendo en cada momento con total aceptación.
  • No juzgues aquello que observas.-  Este punto es muy importante, puesto que podemos caer en la trampa al observarnos de rechazar aquello que estamos sintiendo por considerarlo más o menos agradable (o más o menos correcto). Dicha valoración forma parte también de nuestra actitud mental, de modo que si nos percatamos de este hecho y abrazamos lo que observamos sin juzgarlo, inmediatamente tendremos el poder para sanarlo.
  • Mejora tu bienestar a través del autoconocimiento.-  Aprovecha siempre que puedas la oportunidad de observarte para conocerte mejor y comprender tus necesidades y deseos. Al mejorar nuestro autoconocimiento tenemos más poder para tomar decisiones que sean beneficiosas para nosotros y que contribuyan a nuestro bienestar. Sin dicho conocimiento, es más probable que andemos desorientados y no podamos desarrollar nuestro verdadero potencial, dejando de lado muchas posibilidades en el camino.

¿Cuál es tu visión acerca de este tema?  ¿En qué ocasiones recuerdas haber proyectado tus emociones hacia afuera y cómo abordaste la situación? Me interesaría mucho leer tu experiencia, así que como siempre te invito a dejármela en los comentarios 🙂 .

¡Hasta el próximo post!

Tu sufrimiento es opcional

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El tema del post de hoy me interesa profundamente y quisiera que reflexionáramos juntos acerca del mismo. Lo vemos en todas partes, nos lo muestran la televisión y los medios de comunicación constantemente, lo percibimos en los ojos de otras personas y lo experimentamos en carne propia. No hablamos de una enfermedad o de un síndrome que se manifiesta sólo en algunos casos y en ciertas personas, sino de una condición que es inherente al ser humano. Hoy hablamos de sufrimiento.

El sufrimiento no es algo que precise ser definido, es algo que bien podríamos considerar ineludible en algún momento de nuestra vida, y sin embargo quizás haya una pregunta que podríamos hacernos más convenientemente : ¿Por qué sufrimos?.

Al preguntarnos sobre el por qué de nuestro sufrimiento quizás podamos experimentar cierta sensación de enfado o frustración, puesto que pensamos que es injusto lo que nos sucede, que a otros no les ha tocado y que el azar ha cargado en nuestra contra por alguna razón que desconocemos.

Bien, esa es una de las posturas que podemos adoptar para abordar el sufrimiento, pero quizás no sea la más conveniente, no crees?

Reflexionando un poco acerca de lo anterior, una nueva pregunta podría surgirnos: ¿Cabría la posibilidad de que en realidad estemos eligiendo sufrir en muchas ocasiones sin darnos cuenta? Numerosos libros nos hablan precisamente de ésto y tratan de advertirnos acerca de la relación tan estrecha que existe entre el sufrimiento y el tiempo, y paso a profundizar un poco más en ésto.

Si te fijas, todos los momentos en los que has sufrido ha sido a expensas de escapar de tu presente y pensar en algo desagradable que te sucedió en el pasado o incluso quizás en algo que temas pueda sucederte en el futuro. Pero, y en este preciso instante, ¿existe algún motivo por el cual deberías sufrir? Te invito a que mires a tu alrededor y reflexiones unos segundos acerca de ésto.

Con lo que acabo de decirte no pretendo banalizar el sufrimiento que pueda experimentar ningún ser humano, sino más bien tratar de advertir el hecho de que éste constituye una elección de la propia persona, pero para adquirir una mayor comprensión al respecto quizás debamos aprender antes a distinguirlo del dolor.

El autor Eckhart Tolle nos habla muy bien acerca de este tema en su libro El poder del Ahora. Rescato a continuación un fragmento que creo que nos describe algo muy interesante:

«La atención consciente sostenida corta el vínculo entre el cuerpo-dolor y tu proceso de pensamiento, y pone en marcha el proceso de transmutación. Es como si el dolor se convirtiera en combustible para la llama de tu conciencia, que a partir de ese momento arde con más fulgor. Este es el significado esotérico del antiguo arte alquímico: la transmutación de metales inferiores en oro, o del sufrimiento en conciencia. La división interna se cura y vuelves a estar completo. A partir de entonces tu responsabilidad consiste en no crear más dolor […]».


Te invito a leer este libro si aún no es has tenido ocasión de hacerlo, para mí es uno de los mejores libros que he leído nunca acerca de esta temática, y dicho sea de paso, es uno de mis libros favoritos sin lugar a dudas. Aquí te dejo un enlace para que puedas adquirirlo ahora:

Eckhart Tolle – El Poder del Ahora

El autor nos ofrece una conclusión reveladora, y es que el sufrimiento es en realidad el resultado de magnificar y/o prolongar nuestro dolor a través de nuestro estado mental y emocional. El dolor puede perfectamente existir, bien sea a nivel físico o a nivel emocional, pero podemos abordarlo desde la aceptación en el momento presente sin tratar de añadirle más energía negativa con nuestro pensamientos y juicios sobre el mismo, para así no crear más sufrimiento en nuestra vida. Haciendo ésto estaremos gestionando nuestro dolor de una manera sin duda más saludable y podremos recuperarnos de él más rápidamente.

Al darnos cuenta de que el sufrimiento es una elección que hacemos nosotros mismos, podemos decidir vivir este momento presente, en el cual el sufrimiento no puede subsistir, y dejarnos sorprender por el alivio que se siente, por la belleza que encierra el simple hecho de observar nuestro ahora, sin más adornos por nuestra parte.

Por otro lado, el sufrimiento tampoco debería ser visto como algo indeseable a lo que debamos tener cierta aversión, sino que podemos verlo como un mensaje encubierto que puede revelarnos mucho acerca de quiénes somos, de nuestros anhelos y nuestras necesidades. Podemos, por lo tanto, utilizar el sufrimiento a nuestro favor si sabemos interpretarlo adecuadamente y aprender de él.

Es probable que del dicho al hecho haya un trecho y nos cueste en ocasiones soltar el dolor que nos produce aquello desagradable que nos acontece, pero podemos poco a poco aprender a gestionarlo mejor para así empezar a ahorrarnos mucho tiempo de sufrimiento innecesario, siendo más felices en el camino. Nuestra actitud lo es todo, especialmente en estas situaciones, y una actitud positiva y abierta al aprendizaje es crucial para nuestro desarrollo y nuestro bienestar.

¿Y tú?¿Cómo abordas tu sufrimiento en el momento en el que éste se presenta? Me apetece mucho conocer tu experiencia respecto a este tema, así que anímate a contármelo en los comentarios :).

¡Hasta el próximo post!

La Ley del Vacío

En mi anterior post te hablaba de lo importante que es empezar el año con un propósito que te motive lo suficiente como para tomar acción y no desfallecer a mitad del camino con el pasar de los meses, algo que desgraciadamente suele ser habitual en muchos casos. Si no tuviste ocasión de leerlo, puedes hacerlo ahora aquí: ¿Cuál es tu nuevo propósito?

Como quiero seguir ayudándote a que perseveres en tu objetivo, hoy quisiera hablarte de algo que también considero que es importante que tengas en cuenta antes de ponerte manos a la obra. Y es que, con el comienzo de un nuevo año sentimos cierta necesidad de hacer limpieza y quedarnos sólo con aquello que sea verdaderamente necesario para nosotros a partir de esta nueva etapa, ya que sentimos que algunas cosas nos pesan demasiado y sólo nos ralentizan. Más aún, acumular cosas que no necesitamos tan sólo parece complicarnos la vida y hacérnosla más tediosa (yo fui consciente de esto cuando  hace tiempo realicé una mudanza y observé todo lo que había acumulado durante tantos años, dándome cuenta de que había almacenado muchas cosas que ni siquiera necesitaba respondiendo al típico ‘por si acaso’).

El hecho de hacer limpieza de aquello que ya no nos sirve nos ayuda a simplificar nuestra vida y a ponerla en orden. De este modo, tendremos por mano sólo aquello que necesitamos en esta nueva etapa y estaremos listos para proseguir con nuestro viaje sintiéndonos mejor y más livianos.

Por ello, hoy quisiera hablarte de la ley del vacío, de la que quizás ya hayas oído hablar alguna vez.

La ley del vacío nos dice que para que algo nuevo pueda entrar en nuestra vida es necesario hacerle un espacio. Esto va muy ligado con la ley de la atracción de la que te hablé en uno de mis posts (aquí te lo rescato para que puedas leerlo si no tuviste ocasión de hacerlo: Introducción a la Ley de la Atracción).

Es posible que el hecho de experimentar un vacío en alguna de las areas de tu vida te resulte incómodo, puesto que estamos muy acostumbrados a llenar nuestro tiempo y espacio de mil y una formas. Por eso, cuando se presenta inesperadamente un vacío en nuestra vida con el que no contábamos, nos sentimos extraños y temerosos de lo que pueda pasarnos a partir de entonces. No entendemos que, los cambios suelen ir precedidos de cierto caos, de cierta incertidumbre y como no, de un vacío temporal que más tarde será llenado con algo positivo y conveniente para nosotros.

Hoy te animo a que experimentes por ti mismo lo que la técnica del vacío puede hacer por ti y te doy algunos consejos para que te sea más sencillo empezar a ponerla en práctica:

  • Enfoca tu atención en una area específica.- Antes de volverte loco y empezar a deshacerte de todo lo que encuentres a tu paso es preferible que escojas una area en la que desees realmente hacer limpieza en estos momentos. De esta manera tendrás un pensamiento dirigido que te permitirá tomar las decisiones adecuadas
  • Visualiza tu recorrido .- Trata de visualizar cómo será tu recorrido a partir de este mismo instante, hacia donde te dirigirás y qué acciones necesitaras tomar en el camino. Por supuesto, siempre es bueno abogar por una actitud algo previsora en caso de que puedan presentarse ciertos imprevistos.
  • Determina aquello que realmente necesitas.- Quizás pueda parecerte una tontería, pero muchas veces creemos que todo lo que tenemos es necesario, cuando si nos paramos realmente a pensarlo veremos que no es así, que estamos acumulando infinidad de cosas debido a causas puramente emocionales. Esto sobretodo nos suele suceder con cosas que tienen que ver con nuestro pasado, que sentimos que de algún modo forman parte de nuestra identidad y nuestra vida. Habiendo visualizado el camino que nos queda por andar y centrando nuestra atención en el presente, debería sernos más sencillo distinguir aquello verdaderamente importante de lo que no lo es.
  • Ante la duda, espera un poco.- Es posible que a veces te cueste decidir lo que es realmente imprescindible de lo que no, o que no estés seguro de deshacerte de algo en estos momentos. En ese caso no te apures, tómate un tiempo para reflexionar sobre ello y haz uso de tu intuición para ganar algo de claridad; muy probablemente llegará el momento en el que no albergues ninguna duda respecto la decisión más precisa a tomar.
  • El vacío comprende lo material y lo inmaterial.- No pensemos sólo en cosas físicas cuando hablamos de crear vacío, podemos también dejar atrás infinidad de cosas inmateriales tales como hábitos, relaciones, pensamientos, y cualquier cosa que por lo general nos dificulte avanzar en nuestra vida. Lo ideal sería tener en cuenta ambos mundos para que el proceso de limpieza sea realmente efectivo y nos ayude a atraer los resultados esperados. 

Espero que te haya sido de utilidad lo que te he contado en este post para que ya no tengas más excusas y te pongas manos a la obra con aquello que decidas emprender este año. Por supuesto y como siempre, te invito a que me cuentes tu experiencia con el uso de esta maravillosa herramienta en los comentarios 🙂 .

¡Nos vemos en el próximo post!

¿Cuál es tu nuevo propósito?

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Me hace especial ilusión publicar el que será mi primer post de este año 2017, con el aroma particular que siempre acompaña a estas fechas de nuevos comienzos. Un año nuevo siempre simboliza un nuevo ciclo, una nueva oportunidad para hacer las cosas mejor, y eso, a mi modo de ver, transmite ilusión de manera casi inevitable.

Y hablando de ilusión, el año pasado tomé la decisión de iniciar este blog para hablarte de temas que me inquietan, aportarte mis humildes conocimientos al respecto y ser ese granito de arena que contribuya a tu felicidad y bienestar. Por ello, quisiera aprovechar este post para darte las gracias por estar siempre al otro lado, ya sea leyéndome, compartiendo y/o comentando mis publicaciones. Quiero invitarte a que si tienes alguna sugerencia o inquietud que plantearme, te animes a hacerlo en los comentarios o bien via el formulario que está disponible en mi página principal.

Y tras este pequeño paréntesis quisiera hablarte ahora del tema que quiero tratar a colación del propio título que encabeza este post.

Cuando se acerca el fin de un año para dar paso al comienzo de uno nuevo, nos suelen surgir todo tipo de reflexiones acerca de cómo ha sido este periodo para nosotros y qué cosas buenas (y otras no tan buenas) ha traído consigo. No sé a ti, pero a mi me gusta hacer siempre un balance de cómo ha sido el año y sobretodo tratar de responder a las siguientes preguntas: todo cuanto he hecho este año me ha acercado más a la vida que quiero vivir? Me ha acercado más a la persona que quiero llegar a ser?

Creo que la respuesta a lo anterior es clave si realmente queremos vivir una vida que tenga sentido para nosotros, por ello merece la pena hacer este pequeño ejercicio de reflexión si queremos exprimir al máximo esta nueva oportunidad que nos brinda el nuevo año de acercarnos a la mejor versión de nosotros mismos.

Por otro lado, con el comienzo de un nuevo año terminamos por hacer una lista interminable de deseos que por desgracia en su mayoría acaban cayendo en saco roto. Me quiero aventurar a decir que quizás muchas veces no seamos del todo realistas, y que sin duda resulta mucho más fácil alcanzar metas en nuestra imaginación que desde la acción y la perseverancia. Ahora bien, si te paras a observar tu lista de deseos, verás que no todos son igual de prioritarios, y que seguramente habrá algunos que para ti sean más importantes en el momento actual en el que te encuentras. Es posible además que, haciendo recuento de esos deseos, encuentres un propósito que verdaderamente cobre significado para ti y quieras llevar a cabo con más ganas que nunca, algo que ya no puede esperar más y requiere que pongas todo de tu parte. Ese propósito es el que te dará la motivación necesaria para tomar acción y no quedarte sólo fantaseando sobre él.

Para este nuevo año quisiera proponerte una serie de ideas que quizás puedan ayudarte a ganar claridad respecto el propósito que te gustaría abordar durante los próximos meses.

Determina tu situación actual.- Podríamos decir que nuestra vida se enmarca en una serie de áreas como la salud, nuestra situación económica, relaciones personales,  etc. Es muy probable que sin mucho esfuerzo puedas detectar en qué áreas cogeas más que en otras y cuáles te gustaría mejorar en esta etapa de tu vida. Tu propósito se encontrará en aquella área que ahora mismo sea prioritaria para ti, por ello analiza bien los diferentes aspectos de tu vida y comienza a detectar aquello que realmente te gustaría cambiar y/o mejorar.

Conócete a ti mismo.- Este considero que es un punto importante, puesto que un propósito honesto nacerá del conocimiento que tengas sobre ti mismo y sobre lo que te hace feliz. Algunos deseos muchas veces no nacen de la honestidad sino de la necesidad de satisfacer o impresionar a los demás, por ello es importante que aprendas a discernir bien unos de otros.

Define tu propósito.- Una vez hayas revisado los puntos anteriores te será más fácil comenzar a definir tu propósito. Merece la pena que inviertas tiempo en ocuparte de los detalles, en el por qué de tu deseo y en el significado que crees que puede aportarle a tu vida a largo plazo. Puedes utilizar cualquier recurso que te ayude a afianzar tu visión, ya sea visualizando tu propósito, escribiendo sobre él o aquello con lo que te sientas más cómodo. Lo más importante es ganar claridad acerca de lo que quieres para que no albergues ninguna duda al respecto y puedas pasar a la acción.

El tiempo es relativo.- Aunque creo que el tiempo es un factor importante a tener en cuenta para aquello que nos propongamos hacer, pienso que demasiada rigidez puede ser contraproducente para ti y causarte frustración por no estar viendo los resultados esperados. Por ello yo siempre soy defensora de un término medio, es decir, ir tomando pasos en la dirección adecuada sin dejarte llevar por la impaciencia de llegar finalmente a alcanzar tu meta. Aprende siempre a disfrutar del camino, más allá de que los resultados alcancen tus expectativas iniciales.

Persevera en tu visión.-  No desfallezcas ante los posibles obstáculos que puedan cruzarse en tu camino cuando estás tratando de cumplir con tu propósito. Sé amable contigo mismo, párate a descansar y coger fuerzas cuando lo consideres necesario, y recuerda siempre que lo que deseas conseguir es posible desde el momento en el que lo concebiste en tu mente. Cuando la incertidumbre haga su aparición recuerda el por qué de tu propósito y persevera en tu visión del resultado final hasta que este sea una realidad para ti.


¿Y tú? ¿Has definido ya cuál es tu nuevo propósito para este 2017? Me gustaría conocerlo, por ello te invito como siempre a compartírmelo en los comentarios :).

¡Hasta el próximo post!