El juego de tu vida

Reflexionando un poco sobre la vida se me ha ocurrido que en realidad ésta no dista tanto de ser parecida a un videojuego, en el cual un personaje (en este caso nosotros), tiene que ir superando distintos niveles a la vez que va sorteando una serie de obstáculos. De este modo, el jugador se encuentra guiado por el aliciente de poder ir avanzando en el juego a medida que va cumpliendo una serie de objetivos y mejorando poco a poco sus circunstancias. Quizás no todos los juegos sean tan elaborados y algunos sean de hecho mucho más simples y menos comprometidos, pero los hay que sin duda consiguen atraer grandes audiencias siguiendo este patrón de acción-recompensa.

Si el videojuego cada vez nos propone retos mas difíciles de superar, la vida con el paso de los años nos suele encargar mayores responsabilidades y experiencias que pueden llegar a constituir grandes lecciones vitales. Para poder ir avanzando en las distintas fases de nuestra vida, y al igual que suele ocurrir en el videojuego, suele ser necesario adquirir nuevas habilidades y aprendizajes que nos trae la propia experiencia. Es fácil darnos cuenta de ello si tomamos como ejemplo el caso de un bebé recién nacido que viene a este mundo desproveído de casi cualquier habilidad útil más allá de su propio llanto. Venimos escasos de herramientas y nos encontramos con el reto de tener que hacer frente a un mundo lleno de posibilidades y exigencias. Por suerte, y a menudo gracias al entorno, poco a poco vamos aprendiendo todo lo necesario para ir transicionando en los distintos niveles de los que se compone el juego de la vida. Comúnmente, nos referimos a este fenómeno como madurar.

No obstante, la madurez no viene sólo con el pasar de los años y la adquisición de nuevas responsabilidades/habilidades. Para mí el proceso de madurar debería incluir también algo que considero muy importante: la evolución (o expansión) de nuestra conciencia. Ésto último escrito así tal vez suene demasiado esotérico de entrada para algunas personas. Para expresarlo en términos más sencillos y amenos para todos podríamos decir que expandir nuestra conciencia incluye (aunque no se limita a):

Ser más empáticos y compasivos con nuestras propias emociones. Creo que nunca podría cansarme de insistir en la importancia que tiene el hecho de dirigir una mirada hacia nosotros mismos, ya no sólo para poder conocernos mejor, sinó también para poder llegar a ser más tolerantes a las frustraciones y dificultades que nos pueda acarrear nuestra andadura vital. Comprender que no somos perfectos (no sería humano serlo) y ser pacientes con nuestros errores, así como tratar de aprender de ellos es un buen signo de que estamos evolucionando favorablemente. Lo contrario sería estancarnos en la energía negativa en la que entramos cada vez que nos juzgamos a nosotros mismos y nos creemos desprovistos del valor suficiente por X o Y razones.

– Un poco como consecuencia del punto anterior, el hecho de conocernos mejor a nosotros mismos y hacernos cargo de nuestras propias necesidades de manera más efectiva puede ayudarnos a detectar las necesidades de nuestro entorno y tener la oportunidad de ofrecer nuestra ayuda de manera desinteresada, con el único interés de que otros puedan también mejorar su vida. En este caso, ya no sólo estamos enfocando nuestra atención hacia nosotros mismos sinó que la estamos extendiendo hacia afuera en busca del bien ajeno, lo que nos hace sentir realizados al mismo tiempo que aportamos algo a la sociedad (por pequeño que nos pueda parecer).

– Muy ligado al punto anterior estaría el hecho de cumplir con nuestro propósito de vida (de ésto ya te hablé un poco en el post ¿Cuál es tu nuevo propósito?, puedes echarle un ojo si no tuviste ocasión de hacerlo 🙂 ). Nuestro propósito de vida, o misión de vida, pasión, etc. es en definitiva aquello a lo que sentimos que nos gustaría dedicar nuestro tiempo porque lo consideramos importante para nuestra realización personal. Hay personas que lo tienen claro desde una edad temprana y otras que necesitan más tiempo para ganar una mayor claridad al respecto; si eres de las del segundo grupo te animo a explorar distintas posibilidades aprendiendo a disfrutar del proceso y sin agobiarte en exceso. Suele además ocurrir que con el paso de los años nuestro propósito cambia o evoluciona, por lo que puede ser interesante revisar periódicamente si estamos haciendo aquello que realmente sentimos que queremos hacer y, en caso de querer transicionar hacia algo distinto darnos el permiso de hacerlo y no quedarnos estancados.

Podría poner innumerables ejemplos que ilustran un cambio o evolución en nuestra conciencia, pero creo que con esto puedes hacerte una idea. Si no te gusta demasiado la palabra conciencia, podríamos traducirlo en lo siguiente:


Vivir alineados con nuestra conciencia consiste en vivir alineados con nuestra alma. Es la responsabilidad que asumimos a la hora amarnos a nosotros mismos y extender dicho amor hacia todo aquello que nos rodea.

Hay que recalcar que el camino de la madurez espiritual es cuanto menos íntimo y personal y requiere de nuestra inquietud y observación, pero sobretodo de nuestra paciencia y aceptación (el camino se hace andando, y sin ir más lejos este blog se nutre también de un cambio de conciencia y una evolución que busca ser expresada en palabras). Como en todo camino habrá parones y momentos de descanso, de posible introspección y de reflexión, todo ello convirtiéndolo en un viaje interesante y rico; espero que este post te sirva de invitación para explorarlo por ti mismo 🙂 .

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