Sé tu mejor amigo

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Tras hacer una reflexión sobre cosas que me han acontecido a mi, a personas cercanas con las que me relaciono habitualmente o incluso a las personas que no conozco personalmente pero sí a través de algún medio digital, he podido ver en innumerables ocasiones la dureza con la que los humanos podemos inconscientemente llegar a tratarnos a nosotros mismos.

En nuestras relaciones (aquellas que podemos considerar sanas) siempre procuramos tratar a la otra persona con el mayor respeto, amabilidad y compasión posibles; este hecho en si es muy positivo, puesto que afianza un sentimiento de armonía entre las personas. No obstante, hay momentos en los que podemos no ser igual de benevolentes con nosotros mismos; por el contrario, en ocasiones podemos llegar al punto de sacrificar nuestros propios intereses por el bien de los demás.

No es negativo a veces renunciar a ciertas cosas en busca del bien común, puesto que en determinadas situaciones ceder puede ser positivo, pero sí lo es el llevar dicha práctica a cabo constantemente, llevados por el miedo a ser rechazados, perder una amistad o pensar que podemos ser personas egoístas por preocuparnos antes de nosotros mismos  que de los demás.

El hecho de ser una persona complaciente puede volverse en nuestra contra si no aprendemos a establecer límites  y conocer nuestras prioridades y defenderlas en los momentos en que sea necesario para no poner en jaque nuestro bienestar.

Por otro lado, la salud mental debe ser igual de importante o más que la física. Prestemos gran atención al diálogo interno con el que nos comunicamos con nosotros mismos a diario. No olvidemos que nuestros pensamientos inciden directamente en nuestras emociones, y estas a su vez en nuestras acciones, de manera que el hecho de mantener un diálogo sano y positivo es algo que todos deberíamos cultivar. La relación ideal que podemos mantener con nosotros mismos podría asemejarse a la que tenemos con nuestro mejor amigo, al cual apoyamos incondicionalmente y socorremos en los momentos bajos. Las palabras negativas, desalentadoras o hirientes hacia nuestra persona no nos aportan nada positivo y merman nuestra energía, de modo que es preciso ir estableciendo un hábito de pensamiento que no las incluya bajo ningún concepto si queremos convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.

Más aún, el cómo nos relacionamos con nosotros mismos determinará nuestra forma de relacionarnos con los demás. Cuánto más seamos capaces de cultivar un amor propio saludable, más capacitados estaremos para entregarlo a quienes nos rodean.
Y tú, ¿cómo definirías la relación que mantienes contigo mismo? Cuéntamelo en los comentarios :).

 

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