Mes: diciembre 2016

El sabor amargo de las comparaciones

Autumn trees against the sky

Últimamente he estado reflexionando acerca de la tendencia  que tiene el ser humano a compararse con todo aquello que le rodea, algo que tal vez a ti te suene familiar y quizás te haya sucedido en algún momento de tu vida. Sin duda tiene que ser algo inherente a nuestra condición, puesto que resulta absurdo imaginarse a un árbol sintiendo envidia de otro árbol por el hecho de ser más alto que él o tener un tronco más robusto (casi me da risa imaginármelo).

El caso es que nos comparamos en muchas ocasiones y además lo hacemos casi de manera inconsciente, a veces sin una malícia aparente, pareciendo que la comparación consista en un simple ejercicio de apreciación y/o catalogación de lo que nos rodea. Existen casos en los que podemos darnos cuenta de la evidencia de este hecho, por ejemplo cuando un pensamiento cruza por nuestra mente y declara orgullosamente: ‘mi coche es más lujoso que el tuyo’ o ‘yo soy más inteligente que él’, y tantas otras múltiples variaciones. ¿Te suena ésto?

La comparación en si misma no es que sea incorrecta o correcta, no es algo que tan siquiera me interese valorar en este post, más bien quiero invitarte a explorar juntos lo que se esconde detrás de este fenómeno si es que en algún momento has sentido que te trae más quebraderos de cabeza que otra cosa. Si nos paramos a observar detenidamente, veremos que tras la comparación se esconde muchas veces un deseo por alimentar nuestro ego.
Existe una imperiosa necesidad de dar fuerza a nuestro sentido de identidad y es a través de la comparación que podemos lograrlo; lamentablemente, muchas veces las comparaciones nos dejan un sabor amargo puesto que nos dejan en mal lugar, haciendo disminuir nuestro sentimiento de valía personal (a partir de ahora a este tipo de comparaciones las llamaré negativas). 

Las comparaciones positivas tampoco son mucho mejores, aunque a simple vista puedan parecerlo. Una comparación positiva puede fortalecer tu ego y en cierto modo hacerte sentir mejor, pero ten por seguro que en algún instante futuro surgirá una nueva comparación que lo debilitará, pues siempre existirá (desde tu percepción) alguien que sea mejor que tú en algo.

Tras leer lo anterior quizás estés empezando a darte cuenta de que el juego de las comparaciones consiste precisamente en ésto, un juego de percepciones mentales que tiene como último objetivo prolongar tu sensación de separación respecto a lo que te rodea (bien engrandeciéndote o victimizándote según sea el caso); en últimas se trata, sin duda alguna, de un juego en el que el individuo saldrá ineludiblemente perdedor.

Para evitar caer en el juego de las comparaciones basta con dejar de compararnos, pero para ello es necesario observar muy bien cómo opera nuestra mente.

Te propongo una serie de ideas que puedes poner en práctica para dejar atrás el arraigado hábito de compararte:

  • Observa tu tendencia a compararte.- Toma consciencia de tu tendencia a compararte y los momentos y facetas de tu vida en los que lo haces. Cuando eres consciente de algo, tienes el poder para cambiarlo; de lo contrario, estás viviendo en piloto automático. Es posible que en este ejercicio descubras que te estás comparando para enmascarar una carencia personal, o un asunto pendiente por resolver. En ese caso, tendrás la oportunidad de sanarlo y si lo haces te darás cuenta de que ya te sientes mejor.
  • Asume la responsabilidad por tus pensamientos.- Cuando detectes que te estás comparando, dirige tu atención hacia tu vida y tus circunstancias actuales. Eres el protagonista de tu vida y debes asumir la responsabilidad por la misma, puesto que nadie más puede hacerlo, al igual que tú no puedes asumir la responsabilidad por la vida de otros. Asumir la responsabilidad por tu vida implica asumirla también por tus pensamientos; puedes perfectamente detectar aquellos que no contribuyen a tu bienestar y cambiarlos por otros más constructivos que te hagan sentir mejor.
  • Canaliza tu energía de una forma más óptima.- Puede ser muy doloroso tener que estar siempre concediendo a lo que te rodea el derecho de definir quien eres y lo que vales como individuo, no es algo que merezca que desperdicies tu energía en absoluto; invierte mejor esa energía en ti y en el propósito de mejorar cada día desde tu propia experiencia, haciendo revisión de tus debilidades y fortalezas en el camino.
  • Utiliza las referencias externas como ejemplo a seguir.- Debemos distinguir el tipo de comparaciones de las que aquí te hablo con aquellas en las cuales detectamos algo en alguien que quisiéramos imitar y nos impulsa y motiva a autosuperarnos; éste sería un tipo sano de comparación, quizás sería más acertado denominarlo referencia. (No obstante, deberemos vigilar que al usar algo o alguien como referencia para nuestro propio desarrollo no crucemos el límite a partir del cual entreguemos nuestro sentido de identidad a la referencia escogida).

¿Y tú? ¿Eres una persona que tiende a compararse con los demás? Me gustaría conocer tu experiencia, de modo que te invito a contármela en los comentarios :).

¡Hasta el próximo post!